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sábado, 20 de junio de 2015

Presidencia de la República (1985-1990)

García asumió el gobierno en 1985, luego de ganar las elecciones generales de 1985 con un gran apoyo por parte del pueblo debido a su juventud y su radicalismo, muy de moda en aquel entonces, en la defensa del pueblo peruano, que causaron una gran ilusión en el mismo. En sus primeros meses de gobernante concurrió a conferencias internacionales como la Asamblea General de las Naciones Unidas y la FAO, en las cuales expuso su tesis de la deuda externa, con la cual era ovacionado por los jefes de estado asistentes, así como por la prensa extranjera.
Los primeros años del gobierno de García fueron conocidos por irradiar una vitalidad y una autoridad desconocidos en un gobierno del Perú. García acostumbraba a dar balconazos (discursos en los balcones de palacio), mostrando sus dotes de oratoria y anunciando medidas de su gobierno; éste era escuchado y aplaudido por grandes masas. La aprobación de García en septiembre de 1985 fue de 96,4%,6 pero luego de los malos manejos económicos alcanzó su más bajo nivel en enero de 1989 (9%).

Gestión económica

 

En un comienzo, las medidas adoptadas aparentemente dieron resultados positivos. Ya en septiembre de 1985, la tasa de inflación bajó a 3,5 % (comparada con el 12,5 % en abril del mismo año). Hacia el segundo trimestre de 1986, la economía dio señales de una supuesta recuperación. Los sectores que dependían de la demanda interna (manufactura, construcción, agricultura) crecieron, no así los sectores dedicados a la exportación primaria (minería, pesca). En 1986, la economía creció 10 %. Fue el mayor crecimiento desde los años 50, con ello García parecía disfrutar entonces de una popularidad récord en América Latina. Cuando la capacidad del gasto público se agotó comenzaron las dificultades económicas.
La política económica de García se caracterizó por presentar, en su política cambiaria, dos tipos de cambio, uno oficial llamado dólar Mercado Único de Cambios (dólar MUC) y otro que existía en el mercado negro, y, en su política monetaria, excesivas emisiones inorgánicas de moneda nacional. Igualmente se rechazaron los consejos del Fondo Monetario Internacional y se limitó el pago de la deuda externa al 10% de los ingresos que por concepto de exportaciones obtenía el país. Esta decisión causó el retraso en el pago de la deuda externa y que el país fuera declarado, en un principio, como valor deteriorado y luego como inelegible por el FMI en 1986.
El punto de ruptura de su gobierno fue la intención de estatizar la banca privada como una supuesta forma de controlar la inflación que, al (28 de julio de 1987), ya resultaba incontrolable. En efecto, los indicadores macroeconómicos señalan que el Perú, durante su mandato, llegó a sufrir una hiperinflación de 1 722,3% en 1988 y 2 775% en 1989. Para inicios de 1990 estos índices alcanzaron el 854% (inflación acumulada a julio de 1990). La devaluación de la moneda fue altísima y durante su gobierno hubo que cambiar dos veces la moneda oficial (sol e inti) debido a que quedó rápidamente sin valor. Ello derivó en una gran especulación y en la escasez de productos de primera necesidad.

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